Todos
los días recibimos información sobre el tema “Energía”.
Está
asociada a la vida actual y las posibilidades de desarrollo de un país o de una
región...
Existen
historiadores que ven la evolución humana, como resultado de la lucha de los
hombres por el control de la energía.
En
la actualidad la energía eléctrica es la forma principalísima de generar,
transmitir y usar energía en forma cotidiana.
Es
muy escasa la energía eléctrica que se obtiene de las células fotovoltaicas. Y
también muy reducida la que se obtiene originalmente de procesos
electroquímicos.
Dejamos
de lado los acumuladores o baterías porque reciben energía de otras fuentes.
Por
tanto el 99,999% de la energía eléctrica que se produce en el mundo, se basa en
lo que conocemos como los “Alternadores”.
Desde
la época de Faraday (1791-1867) sabemos que cuando una (o muchas) espiras de
alambre, rotan alrededor de un campo magnético se produce un tipo de corriente.
La llamamos alterna, porque cada medio giro se enfrenta a sentidos opuestos del
campo magnético creado por el imán.
Esta
C.A. la podemos producir en el laboratorio dándole vueltas a un molinete.
Cuando
un ciclista pone su dínamo rozando la cubierta de su rueda, utiliza el giro de
la rueda para mover unas espiras que luego le darán luz a su lámpara.
Cuando
el viento mueve las aspas de un molino, por un mecanismo interno se transmite
ese giro a unas espiras que rotan en un campo magnético.
Cuando
un río mueve las turbinas de la central, pasa lo mismo.
La
enorme diferencia de estos 3 dispositivos, está radicada en la cantidad de
energía suministrada en la unidad de tiempo, o sea en su potencia.
En
muchos lugares no es posible tener una central hidroeléctrica; y las eólicas,
si hay viento regularmente, tampoco ofrecen gran potencia.
Y
ahí es donde asume total protagonismo el “vapor de agua”, porque un poco de
agua, hay en todos lados.
Se
trata de “calentar” una masa pequeña de agua, evaporarla y hacer que ese vapor
provoque el movimiento de las famosas espiras.
Y
allí aparecen las centrales de leña, de carbón, de gas, de gasoil, de full-oil,
de materiales radiactivos, como el uranio o el plutonio. Estas últimas son las
centrales nucleares.
Pero
el objeto es siempre el mismo: “Mover las espiras dentro de un campo magnético”
y para eso debemos calentar el agua para que se produzca vapor y éste mueva las
turbinas.
El
verdadero origen de todas nuestras energías es el sol y mientras no se apague,
podremos hacer uso de algunas de ellas. Siempre que el consumo de otras, no nos
haga desaparecer como especie.
Profe.
P.D.
Aquí tenéis una página con mucha y buena información.
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